Domuyo

El Domuyo nos daba su bienvenida con viento blanco

La 1era vista del Domuyo

Después de la tormenta la calma y la foto grupal

Texto: Lizandro Llancafilo.

Fotos: Ovidio y Lizandro Llancafilo.

Miembros expedición: Paula (La Plata), Jorge (General Pico), Ovidio Llancafilo (Neuquén), Mehran (Irán), Lizandro Llancafilo (Neuquén).


Techo de la Patagonia


Dejamos los vehículos a 2400 m.s.n.m para adentrarnos en esta fascinante aventura que es intentar hacer cumbre en la montaña más alta de la Patagonia argentino-chilena: el Domuyo. Este cerro - muchas veces denominado erróneamente volcán - está ubicado a unos 38 km al norte de Varvarco, y a unos 100 km de Andacollo, capital del Departamento Minas en la Provincia de Neuquén.


Son las 15 horas del sábado 21 de febrero de 2009, miro el altímetro, indica 2600 metros sobre el nivel del mar y 5 grados sobre 0. Parece que la copiosa nevada estuviese llegando al suelo de forma lateral, en realidad es lo que llaman viento blanco. La visibilidad es casi nula pero nuestro guía “Beto” parece conocer el sendero como la palma de su mano.


Mientras el viento blanco va cubriendo nuestro lateral izquierdo con nieve y la sensación térmica comienza a bajar, a lo lejos sobre el Oeste, se puede ver el suave reflejo de algunos rayos de sol que se mezclan con la nevada. El clima va mejorando para pasar el sol a calentar nuestras espaldas por un rato, hasta que unas amenazantes nubes vuelven a cubrir el cielo. Estamos ya por los 2800 msnm y parece que la Leyenda se está haciendo realidad. (“Aquel, encarnando un espíritu tenebroso, hacía despeñar las piedras sobre los que intentaban acercarse, y éste, desataba el viento y las tormentas”). En pocos segundos rayos acompañados de truenos, recorren el valle por el que caminamos, ya no es lluvia pero una importante cantidad de granizo.


Hicimos Cumbre y Te Lo Contamos


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Información sobre Domuyo


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Arribando a lo que será nuestro campamento base (3000 msnm) el cielo se despeja. De todas formas “Beto” indica que tenemos que comenzar con el armado de las carpas de inmediato por temor a que otra tormenta nos complique la tarde. Con su dedo índice señala al cielo mientras intenta hacerle entender a Mehran que hay que apurarse porque en cualquier momento puede regresar la nieve o el granizo. Mehran ha viajado a Argentina desde Noruega, país donde vive desde hace 25 años a pesar de haber nacido en Irán, teniendo como meta principal el hacer cumbre en el Domuyo. El ya ha estado en varias montañas por sobre los 5.000 m.s.n.m entre ellas el Monte Kenia (5.199) en África.

El lugar donde se ubica nuestro Campamento Base es una planicie despejada ubicada junto a una laguna. Se ven varias paredes que han sido armadas al amontonar una roca sobre la otra. Las denominan pircas y su función es resguardar las carpas del fuerte viento. También se ven los restos de lo que alguna vez fuera un proyecto de refugio construido en chapa zinc pero que ha sido literalmente aplastado por el peso de la nieve y el hielo durante el crudo invierno.

A las 18 hrs estamos cómodos y la tormenta amenazante nunca llegó. Luego de armar las 3 pequeñas carpas color naranja, varios de nosotros hemos cambiado nuestro calzado, ido a buscar agua a alguno de los cercanos arroyos y nos preparamos para degustar la suculenta picada que ha preparado nuestro guía. Mientras comemos bombardeamos con preguntas a Beto que con interminable paciencia va respondiendo cada una de ellas. Con asombro contemplamos la laguna de color turquesa junto a la que se ubica nuestro campamento, contrastando con el ocre de las rocas y el blanco de la nieve que cubre la Cordillera del Viento.


Entre las respuestas que nos da, está el horario de salida para encarar la cumbre: las 4 de la mañana, y aclara: "Toda vez que el cielo este completamente despejado y no corra ni una brisa". También nos explica que deberemos llevar y como armar nuestra mochila. Todos nos ponemos manos a la obra y dejamos todo listo para el próximo día.


Nos vamos a dormir aproximadamente a las 21 hrs. Una suave brisa dificulta que logremos el sueño junto con la ansiedad que implica pensar que en unas 7 horas estaremos camino a nuestra meta. Durante la noche nos despertamos varias veces por la molestia de dormir sobre el aislante duro, el poco espacio para moverse y las mencionadas ansias.

Escucho que Ovidio, también esta despierto. Le pregunto por la hora: "Son las 3:10" responde y agrega "Necesito salir de la carpa". Nos vestimos, me doy cuenta de que en realidad lo que nos despertó fue el frío. Salimos de la carpa con equipo completo pero la baja temperatura se hace sentir de todas formas. Al levantar nuestras cabezas vemos que en el cielo brillan millones de estrellas y que no hay nubosidad alguna. Nuestra expectativa aumenta y nos introduciomos en nuestras bolsas de dormir completamente vestidos

Mehran inflando el colchón que luego le generaría problemas durante el armado del Campamento Base


Nuestro guía Beto respondiendo una y mil preguntas

La hermosura del la laguna turqueza, nuestro Campamento Base y el macizo montañozo

Durante nuestro día de adaptación. Mucho factor solar y muchas horas de ocio.

Ovidio y la la foto en el arranque del ataque a la cumbre

A 3800 metros la foto grupal durante el descanso y la despedida de Jorge

El sol del amanecer ilumina nuestras espaldas y la pendiente aumenta.

Noventa minutos más tarde nos despierta nuestro guía con la novedad de que el ataque a la cumbre se pospone por 24 horas debido al intenso frío y al cansancio grupal. Durante unos minutos dialogamos entre nosotros pero recuperamos el sueño y volvemos a despertar a las 9 para desayunar.


Durante la mañana Beto fundamenta su decisión de esperar un día más principalmente por la adaptación a la altura. Más tarde comprobaremos la razón de esto.


Pasamos el resto del domingo 22 de febrero fotografiando todo lo que rodea el Campamento, caminando, durmiendo siesta, tomando sol y charlando.


Cuando el guía nos informa que si durante el ascenso a la cumbre, antes de los 4200 metros mas de 2 miembros de la expedición se vuelven, tendrá que regresar el grupo en su totalidad. Por esto surge el tema de la botas de Paula, a quien habiamos visto caminar con dificultad el día anterior. Ella cuenta que las compró porque son las únicas en el mercado en el número que calza. Comenta que que le es difícil desplazarse. Hablamos de alternativas de calzado y demás pero llegamos a la conclusión de que no las hay y deberá intentar el ascenso con las botas que tiene.


La charla continúa y Jorge de General Pico en la Provincia de La Pampa nos cuenta el despertar de su locura por las montañas no hace muchos años. El ya ha estado en varias cumbres sobre los 5000 msnm. Cuenta que sus amigos no entienden como el prefiere ir a "sufrir" a la montaña en vez de desparramarse en una reposera en alguna playa de arena en la Costa Argentina pero repite, una y otra vez, que lo que más disfruta es la naturaleza y estar rodeado por picos nevados.


Comienza a caer el sol y nos vamos a acostar uno a uno. Nos dormirnos a pesar de que la ansiedad es la misma pero el dolor de cabeza provocado por la altura es menos por nuestra adaptación. Unas horas antes Mehran me comentó que no había logrado descansar la noche anterior tanto por las ansias como por su conchón inflable, que terminaba lo terminaba dejando con la cabeza mas baja que el resto del cuerpo, intesificando asi el dolor de cabeza que sufría.

Llegadas las 22 me desmayo incómodamente dentro de mi bolsa de dormir. Seis horas más tarde Beto ordena que salgamos a desayunar. Nos vestimos completamente equipados, incluyendo ropa térmica, guantes, gorros y obviamente linternas de cabeza. Bebemos algo caliente con algunas galletitas y el dice que es hora de comenzar a caminar. El reloj marca las 4:15 del lunes 23 de febrero.


Los primeros 100 metros son duros y tal como había armado la fila Beto, Paula lo sigue en segundo lugar. La pendiente es pronunciada y luego de unos minutos ella se detiene de golpe y, de actitud muy valiente y madura, anuncia que se regresa al Campamento Base. Le es muy difícil seguir el ritmo y prácticamente imposible ascender con las botas que lleva puestas. El grupo mira como ella comienza a descender hasta que finalmente perdemos de vista la luz de su linterna.


El frío se hace sentir y Beto acelera el ritmo. Caminamos muy rápido pero las ganas de llegar al Techo de la Patagonia son tantas que parecemos correr. Vamos haciendo pausas luego de 20 minutos de caminata, permitiendo recuperarnos. Hacia el Sur brillan algunas luces, Beto dice que es Tricao Malal.


A los 3800 msnm, todavía en la oscuridad de la noche, Jorge dice que no continuará con el ascenso, viene muy agitado y no es aconsejable continuar así. Todos intentamos convencerlo de que nos acompañe pero el ya ha tomado la decisión de regresar al Campamento Base. Beto le explica que sólo tiene que seguir la huella por la que hemos venido subiendo y que si lo desea puede esperar un rato hasta que amanezca completamente.


Aprovechamos unos minutos para descansar, hidratarnos y comer algo. Tomamos algunas fotos en la oscuridad antes de recibir un fuerte y sincero abrazo de parte de Jorge que nos desea toda la suerte del mundo para llegar a la cumbre.


A los 4200 metros la pendiente tiene un brusco cambio justo, en el lugar donde comienza el glaciar que tendremos que cruzar llevando grampones y piqueta en mano. Esta última herramienta fundamental al momento de llegar a ocurrir un accidente y tener que ser utilizada para frenar el deslizamiento indeseado por el hielo.


Nuestro caminar hasta aquí ha sido distendido y a veces hasta distraído. Durante el recorrido de los 400 últimos metros no hicimos mas que detenernos decenas de veces para congelar nuestra experiencia en fotos. Pero el llegar al glaciar requiere toda nuestra concentración. Los grampones deben quedar bien ajustados y debemos mirar con atención cada lugar donde apoyamos nuestros pies. Beto se asegura que cada uno de nosotros hayamos ajustado correctamente las correas que sujetan los grampones a nuestras botas. Los altos penitentes que se han formado en el glaciar de unos 50cm de altura parecen obstáculos imposibles de superar y dificultan más aún nuestro caminar junto a una pendiente de unos 45 grados.

Mientras ascendemos por el glaciar hacia el norte se abre un pequeño valle cubierto por un gigantesco manto de hielo terminado en penitentes. Parece una enorme torta de cumpleaños recien decorada. Sobre el fondo decenas de cadenas montañosas se superpone con el azulado horizonte.

Llegando al glaciar a 4200 m.s.n.m

Beto se asegura que los grampones de Mehran esten bien ajustados antes de encarar el cruce del glaciar

El valle hacia el Norte cubierto por un enorme glaciar y la "decoración"

Ovidio, todo energía para superar los altos penitentes

La belleza de los picos, los glaciares y los cordones montañosos

Ovidio intentado recuperarse de sus nauseas ante la atenta mirada de Beto

Encarando el último tramo el cansancio se hace sentir. Estamos a unos 4500 m.s.n.m

La satisfacción de hacer cumbre en el Techo de la Patagonia.

De izquierda a derecha: Beto, Lizandro, Mehran y Ovidio.


El reloj marca las 9:00, superamos el glaciar y aliviados sonreímos, comentamos la hermosa experiencia de caminar sobre hielos milenarios. Yo aprovecho de meter en mi boca un puñado de pasas de uvas, bebemos agua y estamos listo para continuar ascendiendo.


Retomamos el sendero. Ya no hay tanto hielo o nieve pero el arrastre hace todavía más duro el ascenso. Por cada paso que damos parece que volviésemos dos hacia atrás al enterrarse nuestros pies en esta mezcla de arena y piedra. Ya estamos por los 4400 y Mehran me cuenta su técnica para no detenerse: va dedicando de docenas de pasos que da a amigos y familiares.


El esfuerzo es grandísimo. Ovidio, que ya ha tenido problemas con la altura al ascender al Volcán Lanín en el 2004 y comienza a sentirse mal. Dice que tiene nauseas y ganas de vomitar. El dolor de cabeza también está aumentado. Ya no puede beber mas liquido y tampoco ingerir alimento alguno. Esto hace dificultoso el ascenso para él más que para nosotros. Unos 100 metros mas arriba, justo en un lugar donde el dar un paso en falso nos llevaría miles de metros hacia abajo, Ovidio se decide a detenerse y auto provocarse el vómito ya cansado de tener que caminar con la sensación continua de nauseas. Esto le trae cierto alivio aunque dice sentirse débil. Ya son las 10:30 y lo único que ha ingerido desde el comienzo del ascenso a las 4:00 de la mañana ha sido un alfajor.


Desde este punto logramos ver la cima que parece estar cerca pero los metros que nos separan son durísimos. Se ve que la pendientes es fuertísima y el arrastre es muchísimo.


Continuamos avanzando, los pasos son mas débiles y el esfuerzo es grande. El caminar se hace difícil, varias veces resbalamos causa del cansancio, dolor de cabeza y la falta de oxigeno. El ritmo cardiaco es el de estar corriendo.


Las 11:30 y la cumbre se ve muy cerca. Ovidio dice que está en duda si continúa. Yo le digo que también estoy cansado y también tengo todos los sintomas de la altura pero estamos muy cerca y tenemos que llegar. Acordamos seguir lentamente, haciendo pausas cada 10 pasos. Nos damos ánimo unos a otros. Merhan habla menos pero parece estar decidido a llegar a la cumbre. La pendiente nos complica mucho por la falta de fuerzas y oxigeno junto a lo suelto del suelo. Se siente un estado de éxtasis y sacamos energía de donde no tenemos para continuar.

La cumbre parece tan cerca. Le digo a Ovidio: "estamos ahí no más". Los últimos metros los hacemos casi apurados con tal de llegar. Estamos dando el último paso, Beto nos espera, nos da la mano, subimos a algo muy parecido a un gran escalón. Creo haber llegado pero estoy equivocado, es la falsa cumbre.


Agotadísimos nos desparramamos sobre el suelo de lo que parece una meseta, no muy lejos veo un montículo de unos 50 metros de altura, esa es la verdadera cumbre. La cabeza nos duele por la altura pero no podemos permanecer tirados sobre el suelo descansando. Cada minuto que pasa empeora nuestra situación física por la falta oxígeno. Les hago saber esto a Ovidio y Mehran. Este último se para y comienza a caminar hacia la cumbre junto al guía. Ovidio por algunos momentos duda, la altura lo está afectando mucho, lo aliento. Se pone de pie y me dice: "Vamos!"


Recorrer esos 200 metros que nos separan de la verdadera cumbre parecen llevarnos una eternidad. Paso tras paso el cansancio se agudiza mientras nos acercamos. Unos 50 metros por delante nuestro Mehran ya comenzó a festejar. Minutos más tarde Ovidio y yo también. Nos damos un abrazo interminable, festejamos, reímos, nos emocinamos hasta las lagrimas. El paisaje es de belleza ilimitada. Cientos de montañas, lagos, ríos, volcanes y glaciares rodean nuestro festejo. Estamos en El Techo de la Patagonia!


Dedicado a Naty, mis padres, hermanos y amigos.




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