Tango Porteño, esta unión de dos palabras resume en un sólido mensaje la esencia misma de la identidad de una gran ciudad… porque ser Porteño es haber nacido en Buenos Aires… y el Tango nació y vive en Buenos Aires… la “Ciudad del Tango”. En los finales de la década del 20´, existía, al 700 de la mítica calle Corrientes (aun angosta) un pequeño teatro que estaba ubicado justamente enfrente del también mítico Tabaris. El Teatro Porteño En ese teatro debutó, alrededor de 1925, Maurice Chevalier, un famoso artista francés quien estrenó también un tango escrito en su honor por Pracánico: Tango Porteño, que fuera grabado por Carlos Gardel para el sello Odeón en ese mismo año. Tango Porteño recupera esa esencia y la cristaliza en un lugar único e irrepetible. Recrea majestuosamente en un edificio de aquellos años que supo ser un cine-teatro propiedad de la Metro Goldwyn Meyer. El viejo y querido Metro, a solo pocos pasos del Obelisco, transformado en Tango Porteño, un lugar que combina una refinadísima ambientación y rescata el puro estilo decó de la época complementándose con un elenco artístico, producciones insuperables y un despliegue gastronómico de gran calidad que hace honor a la época que representa. El compromiso era grande pero la misión esta cumplida Tango Porteño es la imagen de Buenos Aires.

 

 

La Década de Oro Vuelve a Brillar:
Tango Porteño recrea la época de oro, la década del 40´, que supo ser el reinado indiscutido del tango, la gran pasión de toda la sociedad argentina. Propone un recorrido en el tiempo por esos gloriosos años en Buenos Aires cuando se respiraba y disfrutaba tango en todos los rincones de la ciudad. Tango Porteño es un espacio maravilloso donde viven y conviven las grandes orquestas de Canaro, Fresedo, Piazzolla, De Caro, Gobbi, Biagi, De Angelis, Di Sarli, D´Arienzo, Lomuto, D´Agostino y por supuesto los inolvidables Troilo y Pugliese que por aquel entonces desarrollaban todo su potencial y en una sana pero exigente competencia se disputaban el reinado en el Chateclair, Armenonville, Marabú, Tabaris, Tibidabo y tantos otros que desaparecieron en la implacable transformación de la gran ciudad. El despliegue escenográfico y la meticulosidad del vestuario crean el marco insuperable para transportarnos en el tiempo y disfrutar de una experiencia inolvidable… volver a vivir ese tiempo donde todo Buenos Aires era Tango…