LA ARQUITECTURA EN LA ARGENTINA EN LA DÉCADA DEL 30

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Autor: LA ARQUITECTURA EN LA ARGENTINA (www.santelmo1.com)
Fecha: 16/01/2008

LA ARQUITECTURA EN LA ARGENTINA EN LA DÉCADA DEL 30

La generación que comenzó a realizar sus obra en la década
del 30 conocía las obras de Van der Velde, Van Koesburg y
del construccionismo ruso como las de Malevich y Lubetkin.
Lo propugnado y realizado por el grupo de Arts and Crafts,
así como las nociones sobre las teorías y luchas del grupo
holandés de Stijl posteriores eran imprecisas y no llegaron
anuestro país hasta 1940. Se conocían bien las obras que
surgían del equipo del Bauhaus sobre
todo de Gropius y de Mejer y, en campos lindantes, de
Moholy-Nagy, de Arp y de Klee.
De la exposición internacional en París de 1937 se
desprendían cantidad de tendencias formales distintas.
Transcurrida la preguerra, el panorama de las influencias,
sin bien menos definido e incisivo, sería más amplio y
disperso y, por su pluralidad y difusión gráfica, más
popularmente conocido.
Con el traslado de Gropius y Mies Van der Rohe a los Estados
Unidos y la extraordinaria
difusión de lo que allí hacían y enseñaban, las
publicaciones de los trabajos de Harvard y del
Museum of Modern Arts con proyectos y obras de todo destino,
confirmaron la fuerte caracterización
de las obras norteamericanas.
A esta influencia se sumó el cada vez más pronunciado
conocimiento de las obras del Japón de Sakakura, del Brasil
de Lucio Costa y Oscar Niemeyer y, en menor escala, de lo
realizado en México, Venezuela y Colombia.
Se sumó a esto el extraordinario aporte de Piet Mondrian en
aquellos ensayos que conjugaron la teoría del equilibrio
plástico dinámico puro y cuya influencia no sólo es
manifiesta en el campo de la pintura y el diseño sino muy
particularmente en lo que hace a la estructura estética de
la arquitectura.

Estilo Internacional
Alrededor del año 1930 las diversas corrientes precursoras
de la arquitectura moderna
desembocaron en un nuevo estilo, el llamado “estilo
internacional”. Después de más de tres décadas,
durante las cuales la arquitectura académica dominó el
panorama por la abundancia de sus
obras y la fuerza de su doctrina, surgió el rival que en no
mucho tiempo la habría de derrotar, aún
cuando tomase de ellas más de una de sus ideas y cuando, al
menos por otros diez años, produjese
aquella obras de aceptable mérito. Pero los tiempos ya
habían cambiado para que pudiera mantenerse en pie una
concepción propia del siglo anterior.
A través de libros y revistas llegaron noticias e imágenes
del Bauhaus, de Le Corbusier,de Mies van der Rohe, y en 1929
llegó el propio Le Corbusier a pronunciar conferencias y
explicar sus ideas que luego incluirá en “Precisiones”. Ese
mismo año, con la casa para Victoria
Ocampo que construyó Alejandro Bustillo, de simples formas
cúbicas, de paredes blancas y de
cuidadosas proporciones, el estilo internacional comenzó su
triunfante carrera. El concepto más
difundido para describir la arquitectura moderna de esa
época fue el funcionalismo puesto que
sobre todo intervino en su nacimiento la nueva estética del
mundo mecánico.
Precisamente a este estilo se lo ha llamado en forma
incorrecta “funcionalista” al igual
que “racionalista”, denominación que tiene el inconveniente
de ser crítica más que descriptiva,
conteniendo un juicio cuya exactitud puede ser con facilidad
deformada a poco que el calificativo
se emplee. La locución más neutra es “internacional” creada
en 1932 con motivo de la Exposición
Internacional de Arquitectura Moderna en el nuevo Museo de
Arte Moderno de Nueva York.
El estilo internacional, que marcó la primera gran difusión
de la arquitectura moderna, no
puede considerar como otro “estilo” tal como se empleara
este vocablo en el siglo pasado.
La obra cumbre del estilo internacional en Buenos Aires, es
el cine Gran Rex construido
en 1937 por Alberto Prebisch que no ha sido superado y es
difícil encontrar en otra parte, incluyendo
Europa, alguna tan satisfactoria.
Más conocido por su tamaño y su conspicua ubicación, el
edificio Kavanagh, levantado
en 1934-35 por Sánchez-Lagos y De la Torre, sobre la plaza
San Martín, es tan notable e importante
como aquel, aunque no sea tan excepcional en cuanto a
calidad de diseño.
Otro ejemplo que se puede mencionar aquí es el Ministerio de
Obras Públicas en la
Avenida 9 de Julio proyectado por Alberto Belgrano Blanco en
1933. Es de los mejores edificios
públicos del siglo XX y aquel con ambientes de trabajo de
más alta calidad.
El estilo internacional generalizó la arquitectura moderna
de Buenos Aires, demostró
que ella no era un capricho de jóvenes rebeldes ni una
enfermiza fantasía concebida con el solo
fin de subvertir el orden establecido. Tenía muy firmes
raíces hundidas en la cultura industrial del
todavía bisoño siglo XX y ofrecía, al mismo tiempo que la
posibilidad de hacer frente a nuevas y
crecientes necesidades y de aprovechar racionalmente la
pericia técnica, una imagen estética
más acorde con aquella sociedad en rápido cambio.
Pasado el año 1940 desapareció casi del todo del escenario
público y se refugió en
cenáculos de vanguardia, los cuales, si bien llevaron a cabo
una intensa e interesante labor, repercutieron
entonces en ínfima medida. El grueso de la arquitectura
trató de retomar un academicismo
que sin embargo estaba definitivamente muerto; como es
lógico, los resultados obtenidos
no pudieron ser más decepcionantes tanto por comparación con
edificios modernos de la década
anterior, como con académicos de los buenos momentos.
A medida que nos acercamos al fin de la década es notable
observar como aquello
que apareció en un principio como un verdadero replanteo
conceptual y también formal de la arquitectura,
pierde vigor y casi súbitamente desaparece .

En Argentina los edificios levantados en
Buenos Aires, los crearon con mucho esmero y con grandes
presupuestos que ahora nos parecen generosos.
Es característico encontrar muy prolijas terminaciones
realizadas con materiales importados, como roble de
Eslavonia para pisos, bronce para carpintería y herrajes,
mármoles para entradas tanto en pisos como en paredes,
barrotes cromados para los balcones.
Junto con este nivel notablemente alto en la calidad de la
construcción, los edificios se distinguían por sus formas
simples, claramente geométricas, por haber sido en su
momento de color blanco, por distribución racional, por
dejar que mucha luz entrase a sus interiores y por supuesto,
por su apariencia derivada de la nueva estética europea de
la civilización mecánica.
El papel desempeñado por el hierro y demás metales no
aumentó con la llegada de la
arquitectura moderna, antes bien, declinó si se lo compara
con los edificios art nouveau.
Lo más importante fue la aparición de barrotes de sección
redonda en forma de caño,
frecuentemente cromadas, que combinaban con planchuelas
chatas para formar las barandas de
balcón en la mayoría de los ejemplos del estilo
internacional.
Como complemento, las puertas de entrada se enriquecieron
con variedad de aplicaciones cromadas, que contrastaban con
paños de vidrio a franjas esmeriladas y transparentes.
A diferencia del granito, el mármol se empleaba sobre todo
en los interiores, a los que otorgaba distinción y empaque.
Aparecía en pisos, escaleras, solias, antepechos, chimeneas
y en paredes de ambientes de recepción. Sus variedades eran
muchas, la mayoría de ellas importadas
y sus colores y veteados formaban una amplia gama de tipos,
por lo común conocidos por sus lugares de origen como por
ejemplo las fachadas revestidos de granito de Baveno, de
mármol veneciano y de cerámica de Estrasburgo.
En el estilo internacional, el mármol no dejó de usarse; en
muchos ejemplos cubría toda la planta baja en forma de
chapas lustradas que rodeaban cuidadosamente la puerta y
ventanas,también aparecía en las entradas de las casas de
departamento, tanto en paredes como en pisos. Los más
frecuentes eran el travertino y los mármoles de tonos
grises, verdes o rosados,usándose también el negro pulido
mate.A partir del treinta se comienza a hacer bastante
arquitectura blanca de volúmenes netos y aristas vivas de
revoques lisos y aventanamientos continuos, edificios con
azoteas jardín en que abundan las carpinterías metálicas y
las barandillas cromadas. El manejo del espacio, la
funcionalidad y las tipologías de planta de muchas de estas
obras nada tienen que ver con los esquemas de Le Corbusier,
salvo en algunas.

En definitiva, este estilo que algunos llaman
“racionalismo”, otros “funcionalismo”, otros
“formalismo geométrico” y que debe el nombre de
“international style” a Henry Russell Hitchcock y
Philip Johnson, se caracteriza por los siguientes
principios:
• El tratamiento de la arquitectura fundamentalmente como
una cuestión de volúmenes y de
espacio delimitados por planos y superficies en lugar del
tratamiento de la composición para
lograr los efectos de masa y solidez.
• La regularidad utilizada como regla principal de la
composición en lugar de la simetría o las
otras formas más obvias del equilibrio.
• La explotación al máximo de la belleza intrínseca de los
materiales y de la elegancia de las
soluciones técnicas, en oposición al uso del ornamento (la
decoración aplicada).


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