Viaje al Parque Nacional Los Alerces
Lago Futalaufquén
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Paula Lorefice y Geir Svelle nos cuentan su experiencia en el Parque Nacional Los Alerces
Llegamos al Parque Nacional Los Alerces un día de sol y cansados de tanto viajar. Si
bien estabamos en auto, los caminos de ripio nos habían dejado un poco sordos y el agua para
el mate se había terminado. Sólo queríamos encontrar un lugar tranquilo y con una linda vista para poner nuestra carpa y escuchar los
sonidos de la naturaleza. Nuestro plan se frustro por varias razones, que ahora vemos como una anécdota inolvidable.
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El Parque Nacional Los Alerces fue creado en 1937 con el objeto de
proteger los bosques de lahuán o alerce, gigante exponente
de la flora andino-patagónica, y uno de los árboles de mayor tamaño y más longevos del planeta que a principios de siglo
corría peligro debido a su explotación. Abarca una extensión de 263.000 hectáreas y está ubicado en el oeste de Chubut, en
la región andina y sobre el límite internacional con Chile. El Parque alberga un bello y complejo sistema lacustre donde
desembocan y nacen numerosos ríos y arroyos. Los lagos se encuentran rodeados por cordones montañosos cubiertos de tupidos bosques
de coihue, ciprés y lenga y una fauna variada como por ejemplo el huemul, tan característico de la zona.
El Camping “Lago Verde”, que fue el primero que encontramos, estaba casi completo y las carpas muy pegadas entre si, cuando entonces descubrimos tres mochileros
que estaban un poco más apartados, que levantaban campamento. Eran apróximadamente las cinco de la tarde pero con Geir, mi compañero
en esta aventura y otras, queríamos ya dejar todo ordernado para ir a perdernos por los alrededores.Les empezamos a dar
conversación para que no parezca demasiado desubicado que estemos ahí parados esperando el lugar. A los cinco minutos
de charla vemos otra pareja que estaba buscando donde instalarse en este camping bastante asisitido; entonces Geir
se queda como un poste cuidando el lugar, mientras yo salgo a seguir buscando para que no nos ganen de mano en
encontrar “el” lugar de nuestros sueños. Fue ahí cuando encuentro un hueco vacío rodeado de árboles e
inmediatamente llamo a Geir para que estacione el auto ahí. No lo podíamos creer!
Después de armar la carpa
emprendimos nuestra caminata que nos servía para encontrar leña también...ya estabamos empezando a tener
hambre y además sabíamos que teníamos que preparar todo antes de que oscurezca porque este camping no tenía
luz eléctrica. Entonces, el experto Nerón preparó uno de sus famosos fuegos y usamos nuestra tostadora
para hacer chorizos asados! No teníamos parrilla y fue lo único que habíamos encontrado en el
supermercado....pero sirvió para nuestro propósito de comer choripan!
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Como no nos podía ver nadie pudimos disfrutar algo de privacidad, de los chorizos y la vista increíble de un cielo estrellado. Pero justo antes de irnos a dormir sentimos “algo” que escavaba o buscaba algo desesperadamente muy cerca de nosotros. Tanto se
sentía ese movimiento brusco que hacia temblar la carpa....y a mi de miedo! Estabamos los dos muy
callados cuando Geir, muy valientemente, se decide a ir a ver que “cosa” era....no encontró nada. Pero
lo peor fue cuando en la mitad de la noche sentimos lo mismo un par de veces. Esta vez, sólo por unos
pocos segundos hasta que Geir, enojado porque la “cosa” lo despertaba, daba unos golpes con la mano en
el suelo y el ruido paraba....A la mañana siguiente hablamos con el dueño del camping que nos dijo que podría
haber sido un zorro buscando comida..... En fin, Lago Verde fue uno de los lugares que más nos gustaron asi que valió la pena el susto.
Seguimos nuestro recorrido hacia la el Lago Futalaufquen, pasando por lugares espectaculares. Hicimos
una caminata hasta Puerto Chucao guiada por medio de carteles con explicaciones del clima, flora y fauna
de la zona. Pero lo más importante era llegar hasta el final para ver el ansiado alerce milenario, que por
supuesto da nombre a este hermoso parque argentino. La lluvia que venía amenazando se largó ahí mismo para
dejarnos empapados y con muchas ganas de encontrar otro lugar para dormir que no sea una carpa. Fue entonces
cuando, al volver de esta caminata, decidimos parar en una cabaña a orillas del azulado Lago Futalauquen en Bahía Rosales.
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Lago Cisne
Vista desde Puerto Chucao
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Al día siguiente, ya con el sol otra vez en la cara partimos hacia lo que era para nosotros
el final del parque. Esta vez, acampamos en un lugar como esos que había siempre soñado pero que
todavía no habíamos encontrado. Estabamos completamente solos, a orillas de uno de los lagos mas
bonitos que ví en mi vida, el Futalauquen y no llovía! Eso si, nuestra carpa parecía que se volaba
en cualquier momento con el viento que había... Durante el día habíamos hecho el sendero llamado “Cinco saltos” que
nos decepcionó un poco. El parque cuenta con numerosos senderos como el de “Cerro Alto el Dedal”, el
del “Lago Krugger”, el de “Arroyo Cascada” y el de la “Laguna Escondida” entre otros, los cuales
amentablemente por falta de tiempo no pudimos hacer. En cambio decidimos hacer la excursión
lacustre al día siguiente que nos llevaría a conocer los famosísimos “alerces milenarios” más
de cerca. Ésta es desafortunadamente la única manera de llegar a esta parte del parque alejada
de todo y costaba bastante dinero. Además veríamos un glaciar y el Lago Cisne, el cual ya no está
permitido acceder sino sólo por comisiones científicas y aquellos que cuidan este increíble parque. El
safari lacustre era de todo el día y partía desde Puerto Limonao o Puerto Chucao. Había una guía que nos
explicaría con lujo de detalles la historia del parque, la selva Valdiviana, nos haría notar las telas de
araña con formas psicodélicas y otras cosas más, además de hacernos reconocer un alerce o un arrayán... Existen
en el parque ejemplares de alerces de hasta 3.000 años y de 30 metros de altura. Increíble. Por la mañana, fue
indescriptible la sensación al abrir la puerta de la carpa y ver ese lago, sentir esa brisa en las mejillas y
estar en la soledad total, en perfecta conexión con la naturaleza. Nos levantamos temprano para ir a la villa y
poder tener agua para el mate y comprar algo de comer.
Al llegar a la Villa Futalauquen y ver un teléfono público y asfalto nos dimos cuenta que
habíamos llegado a la civilización. Y fue ahí donde encontramos la intendencia y la oficina turística
con información de senderos, mapas detallados de cada uno de ellos y un libro donde anotarse antes de
irse y al volver de una caminata. Parece que si no estás a determinada hora de vuelta, te van a buscar
los guardaparques nomás. Allí también entendimos que habíamos entrado por la otra puerta (algo así como
el final del parque para ellos) y la información que nos habían dado no había sido la mejor. Entonces
pensamos si nuestra estadía en el Parque Nacional Los Alerces hubiera sido diferente…nunca lo sabremos, pero
de todas maneras, jamás olvidaremos este maravilloso viaje por una de las zonas más bellas de nuestro gran país.
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