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Las actividades siguieron con el ritmo que le imprimimos (mechando siestas y meriendas abundantes), hicimos una caminata por las sierras, observamos cóndores, acariciamos a las llamas que mansamente se dejaban hacerlo. Una noche (munidas de linternas) subimos al cerro El Mirador, la consigna era “tocar las estrellas”, yo creo que lo hicimos, la noche era serena y clara. Al otro día volvimos y pudimos ver el volcán Lanin a lo lejos, el lago Piedra del Aguila y muchos de los parajes de los alrededores.
También, las más valientes, hicimos la caminata de 5 horas por el circuito “La Marcelina” donde pudimos apreciar la estepa a pleno: ñandúes, guanacos, piches (conocidos como mulitas), zorros colorados, y una variedad impresionante de vegetación que, sin un ojo atento, parece toda similar, pero que al observarla en detalle y con ojos expertos se descubre maravillosa. A cada rato nos topábamos con troncos petrificados, mezclados con las piedras del camino, esparcidos por todos lados.
La pileta que hay en la estancia es otra maravilla, el agua caliente, cubierta, como el broche de oro que nos permitíamos antes de la cena. Hay quienes tomaron masajes y baño sauna.
¿Diversión? Esta, simplemente el silencio y el paisaje patagónico, nada más, con la única posibilidad de hacer shopping con dulces y quesos caseros.
La estancia también tiene su historia pintoresca: en un principio estaba emplazada en otro lugar, donde llegaron colonos alemanes que levantaron un paraje verde donde sólo había viento y polvo. Con la construcción de la represa fue necesario trasladar a la colonia Paso Flores al lugar donde hoy se encuentra, si la visitan les recomendamos que pidan el álbum de fotos donde se guardan las fotografías que testimonian este nuevo desarraigo.
Y si hablan alemán también les sugerimos que se tomen unos minutos para charlar con las dos ancianas, auténticas pobladoras del lugar, que siempre están en el comedor mezcladas con los turistas, y les pregunten sobre la historia del lugar. Un detalle: observen las tranqueras, la forma en que se traban, van a ver que el sistema de toda la estancia es bien alemán, igual que la arquitectura con que ha construido este nuevo paraje. Sencillo, no hay grandes lujos, pero con las comodidades y las actividades muy bien organizadas y cuidadas en cada detalle. Vale la pena desviarse del camino a Bariloche para descubrir este pequeño paraíso.
Información Útil
Durante el año hay actividades especiales programadas: en septiembre se puede participar de la Esquila de lana de las ovejas del lugar, en diciembre de la “yerra” de animales, en enero y febrero del envasado de frutas, y todo el año del ordeñe de vacas y la elaboración de quesos.
Los platos son preparados con productos del lugar, las verduras son de cultivo orgánico (la huerta esta a la vista).
Como llegar
Desde Buenos Aires se puede llegar en avión hasta Bariloche (son 110km por la ruta 237 y 32km por la ruta 40, que es de ripio) o desde Neuquén Capital 310km por la ruta 237 hasta la ruta 40 y desde allí en auto.
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