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El rasgo más característico de la flora de este área protegida es el grupo
de cipreses de la cordillera que forman bosquetes aislados o pequeños
manchones, muchas veces asociados a radales achaparrados. Estos
cipreses son un relicto de los extensos bosques que se podían hallar
en la zona y que fueron talados para ser utilizados en las minas de oro y
como leña. En cercanías y orillas de cursos de agua que recorren la
Cañada Molina, se encuentran entre otras especies leñosas, ñire, maitén,
huingan, yaqui, chapel y siete camisas.
Los cipreses crecen sobre laderas de exposición sur y de 35° a 45° de pendiente, entre
los 1.300 y 1.600 m. sobre el nivel del mar.
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