Torre Talero

Artículo y Fotos: Lic. Walter Ferreyra

lic.walter.ferreyra@gmail.com

Entre la historia y los mitos

La luz del sol que se desploma por las tardes parece detener el tiempo y destacar la caprichosa arquitectura española de principios de siglo. Oculta entre las sombra de los sauces y eucaliptos, la Torre Talero levantada sobre roca, piedras, lajas y barro, esconde tanta magia como mitos que trascienden el tiempo.






Saliendo de la ciudad de Neuquén Capital, por la ruta n° 22, cuatro km antes del aeropuerto, se abre a la izquierda un camino de tierra en cercanías de la nueva Terminal de ómnibus. Allí se levanta un edificio histórico construido en 1906, conocido como la "“Torre Talero"”. Ubicada en la calle Bejarano y Luís Beltrán, pertenece al establecimiento La Zagala.

La imponente construcción de ladrillo y roca es una de las más antiguas de esta ciudad y se terminó de levantar en 1911, con el barro que ordenaron pegar dos arquitectos llegados de España. Fue creada por el poeta colombiano Eduardo Talero Nuñez, secretario general de la gobernación en la gestión de Bouquet Roldán, y uno de los artífices principales de la resolución del presidente Julio A. Roca para el traslado de la capital del entonces Territorio Nacional del Neuquén desde de Chos Malal a Confluencia, en 1904.






Talero nació en 1869 en Bogotá, emigró exiliado a Chile, donde contrajo matrimonio con Ruth Reed. Era sobrino de un político colombiano que cuatro veces fue presidente. Eduardo Talero salió de Bogotá expulsado por revolucionario. Después se trasladó a Buenos Aires, donde desarrolló una intensa vida literaria y conoció a Carlos Bouquet Roldán, precursor de su llegada a Neuquén. Luego levantaría su casa en la "Colonia Bouquet", hoy barrio Valentina Sur Rural.






Para algunos, la casa es una réplica exacta de una casa de España hecha por amor hacia una mujer casada. Ella es escenario de un mito urbano que sobrevive. Las historias de fantasmas se transmitieron de boca en boca a través de generaciones. En este sentido muchos son los relatos de los soldados que hacían guardia en el puesto 4 del batallón de ingenieros, frente a la Torre y hablan de apariciones de una dama de blanco entre los manzanos y eucaliptos o simplemente resguardándose detrás de los pilotes que sostienen la baranda del balcón.

Para algunos, lo que no se dice es la historia de amor, que involucraría a Eduardo Talero y la esposa de Bouquet Roldan, de quién el poeta era su mano derecha. Un amor imposible y el desencuentro obligado por decisión de cumplir con los deberes maritales habrían dejado marcada las paredes de la Torre. Dicen que más que los problemas que dejaron a su hijo inválido (un balazo en una pierna), fue el adiós de la mujer del amor prohibido, lo que llevó a Talero a dejar Neuquén en 1916 y murió enfermo el 22 de septiembre de 1920.

No pocos son los que dicen que aquella casa guarda los fantasmas de su enamorada, de Talero, y la de un encargado que cuidaba la casa y que nunca cumplió la misión de vender todo y enviarle el dinero, algo que lo dejó atado a la historia.

Hasta hace algunos años junto a la casa se podía acceder al subsuelo, que actualmente se encuentra tapado y clausurado. Oportunamente en obras que se realizaron sobre la calle, los obreros habrían encontrado un misterioso túnel que comunicaba la casona con las tierras del Ejercito Argentino. Muchas son las especulaciones que se hacen al respecto, mientras la historia espera ser contada.

Si bien el edificio es uno de los más emblemáticos de la historia neuquina y pertenece al patrimonio de la ciudad de Neuquén, no se encuentra en buen estado, dado que ha sufrido graves deterioros y necesita una urgente restauración. En este sentido se proyecta firmar un convenio entre la municipalidad de Neuquén y la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue para crear un comité ejecutivo que semestralmente informará de los avances en las tareas de restauración.






"De Noches Rojas” poesía de Talero

Tras el convulso lienzo de la carpa

plantada en el desierto,

Miro a través de atmósfera de plata

a la Ofelia gentil del firmamento.

A su góndola azul rinde la escarcha

leve vapor de incienso,

y la sierras ebúrneas le levantan

de amor henchido su turgente seno.

Allá abajo el Neuquén, en su hondonada

obrero infatigable teje el velo

nupcial para su reina, y en la llaga

de su hondo corazón lame el remedio

en el que el job de hoy proclama

la piedad de su perro.

En su alcoba silvestre la comarca

ha dado cita de creación al viento,

y por eso en los bosques y espadañas

no pulsa ya sus liras el silencio.

Bajo el convulso lienzo de la carpa

plantada en el desierto.

Yo pienso en ti; y en mi alma

se refleja el perfil de algún recuerdo:

¿Sabés cuál es? La espléndida, la clara,

noche del primer beso,

cuando tras el cristal del coche estabas

pálida cual la luna que en el terso

azul estoy mirando; cuando el alba

nos sorprendió en el regio

festín de amor, y en brindis de champaña

saludó nuestro encuentro;

Cuando al amanecer, allá en la plaza

-por contraste brutal- unos obreros

vimos que despertaban

sin pan, sin compañeros y sin lecho;

cuando tu mano de azucenas blancas

le arrancó a mi cerebro

la promesa de izar sus oriflamas

contra las torres del feudal protervo;

cuando chispearon en tus labios brasas

de sacrosanto fuego;

y cuando te juré que eran de grana

las rosas de mi amor y de mi ensueño.







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