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El éxito del primer festival folklórico obligó a repetir el evento al año siguiente, y así se convirtio en una tradición: anualmente, en la segunda quincena de enero, Cosquín se transforma en una ciudad febril o, mejor dicho, en un vasto y sorprendente escenario, con guitarras, cajas chayeras, erkes, picuyos, arpas y charangos en cada esquina. desde el verano del 63, la Argentina
entera empezó a aclamar conjuntos como
Los Chalchaleros, Los
Quilla Huasi, Los de Salta, Los Trovadores,
Jorge Cafrune, Los Huanca
Huá. Y a partir del Festival de Cosquín comenzaron a ser revalorados folcloristas y músicos del calibre de Atahualpa Yupanqui, Antonio Tormo, Jaime
Dávalos, Manuel J. Castilla, Ariel Ramirez, Gustavo "Cuchi" Leguizamón, Ramona Galarza, figuras que
desde hacía tiempo venían haciendo una labor seria y silenciosa, pero a las cuales todavía no les había
llegado la hora del reconocimiento. Cosquín fue un acto de total justicia.
También saltaron a la palestra nuevas luminarias, como
Mercedes Sosa,
Oscar Matus, Armando Tejada Gómez, César Isella,
Jorge Cafrune,
Cuarteto Zupay, Cholo
Aguirre, José Larralde, el Chango
Nieto, Carlos Di Fulvio, Roberto Rimoldi Fraga, y en los últimos años Soledad y
Los Nocheros. Después
del Festival de Cosquín ya nada fue igual: el país hizo oír su voz y Argentina comenzó a escucharla y saboreala, hasta hacerla siempre suya.
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