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Los Quilmes eran una de las pequeñas etnias indígenas que habitaban en los Valles Calchaquíes. Junto con los yacaviles, los colalaos, los tolombones y los calchaquíes integraban una confederación sin jerarquías bien establecidas.
Mantenían relaciones comerciales con los pueblos vecinos y enviaban caravanas de llamas a cargar maderas y otros productos de la selva al otro lado de las montañas, donde apreciaban su arte en el trabajo del metal y su maestría en el uso del talar fijo. Eran buenos agricultores, excelentes tejedores y óptimos ceramistas, pero pésimos militares.
En el siglo, cuando los incas avanzaron hacia el sur, no tuvieron otra alternativa que sumarse al imperio del Tawantisuyo. Lo peor, en realidad, vino pocos años después, cuando la espada del conquistador español se abrió camino hacia el Perú. Mercado y Villacorta, gobernador de Tucumán, se enseño con ellos y los hizo deportar en masa. Así fue como los quilmes debieron atravesar a pie el abra del Infierillos y recorrer las llanuras de Santiago del Estero y las pampas.
Tras andar más de 1.000 km - muchos, muchísimo murieron por el camino-, se encontraron con una desolación de tierras barrosas. Era el año 1666. Los encerraron en la Reducción de la Exaltación de la Cruz, de la cual sólo salían para trabajar en las obras de una extraña ciudad llamada Buenos Aires.
Cuando el Triunvirato clausuró la reducción, en ella ya no quedaba ningún quilmes. De fatiga o de pena, todos se habían muerto. De ellos hoy sólo queda en el lugar un nombre, el de Quilmes, uno de los pueblos más antiguos del sur de Buenos Aires.
Hacia 1880 se instaló allí la Brasserie Argentine Quilmes, una fábrica de cerveza. La Cervería Quilmes todavía ocupa dos importantes predios próximos a la estacion de ferrocarril. Otto Peter Bemberg fue el fundador de la empresa cervezera.
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