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El primer europeo que llegó a las cataratas del Iguazú
fue Alvaro Núñez Cabeza de Vaca, en diciembre de 1541.
Sin duda, lo milagroso del espectáculo reforzo su fé religiosa, hasta
el punto de decidir que el nombre no podía ser otro que "Salto de
Santa María".
Sin embargo, terminó por imponerse el nombre
ancestral, el que le habían dado los Guaraníes: I-Guazú,
es decir, "aguas grandes".
En difinitiva, el mayor de los milagros es siempre
la realidad misma: un semicírculo de 2.700 metros, con 275 saltos
de agua, que se precipitan desde alturas que oscilan entre los 40 y 80
metros.
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