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Introducción
A espaldas de la proclamación de la Independencia argentina en Tucumán (9 julio 1816); ignorando la firma de la
Independencia de Chile en Talca (febrero de 1818); y a pesar de la“batalla final” de Maipú (5 abril de 1818), diversas montoneras que alentaban la recuperación
del continente americano por la corona española, se refugiaron en los vericuetos de la Cordillera de los Andes, manteniendo en vilo
la victoria patriota y desafiando a los ejércitos criollos de San Martín y O’Higgins. En Chile, “de todas las montoneras que se formaron durante la guerra
de la Independencia, ninguna como la de los Pincheira alcanzó a elevarse al pináculo de la historia, por su larga duración y por sus implacables, horribles
y lastimosas crueldades”. La banda, encontró refugio del lado argentino, al sur de Mendoza en los
campos del Atuel y en el Norte Neuquino, en los cañadones
de la Cordillera del Viento. La persecución de estas bandas llevó a
“la guerra a muerte”, ya que ni patriotas ni guerrilleros se permitían benevolencias y todos
estaba permitido.
Por esos años, alrededor del triángulo neuquino, casi todo el territorio argentino era un inmenso desierto dominado por
dispersas tribus indígenas. Las principales ciudades eran: Mendoza, Córdoba, Santa Fé y Buenos Aires. Estaba en formación el fuerte de Bahía Blanca
y más allá el fuerte marítimo de Carmen de Patagones. Del lado chileno, las principales ciudades eran Concepción, Chillán y Linares y varios asentamientos
humanos dispersos entre el mar y la cordillera. Mendoza, camino de unión de las dos Repúblicas por la Cordillera de los Andes, por sus grandes alturas no
ofrecía refugios seguros ni rápidos pasos para las escaramuzas de las montoneras. Por ello las luchas y escondites se centraron en los contrafuertes
cordilleranos del norte neuquino, entre Barrancas y Pichachén, especialmente por el paso Epulafquen o
Las Lagunas, conocido desde Chile como el Boquete de Alico. Una vez traspuesto el paso, los innumerables cañadones y valles de la Cordillera del Viento ofrecían un
refugio inmejorable. Los Pincheira tenían organizados cinco asentamientos principales:
1-Epulafquen, 2-Varvarco (Matancilla), 3-Butalón (Malal Caballo, Raja Palos, Guañacos),
4-El Roble Guacho (en Chile frente a Epulafquen) y 5-Atuel (juntas del Salado y en Chicalco).
Desde Atuel, junto a tribus indígenas bajo mutua protección, partían los malones hacia las pampas bonaerenses. El Roble Guacho era el refugio
impenetrable en medio del bosque, cerca de las poblaciones chilenas asaltadas y paso rápido al Neuquén en caso de persecuciones de las
fuerzas criollas. Los campos de Epulafquen, Matancilla y Butalón, eran sus refugios
seguros y excelentes campos de engorde de las haciendas maloqueadas en las pampas argentinas, antes de pasarlas a Chile para su venta.
Laguna de Epulafquen
Origenes
“NEUQUEN, ULTIMO REDUCTO DE LAS MONTONERAS REALISTAS EN AMERICA”
Sobre los orígenes de la familia Pincheira, se conoce muy poco: Eran cuatro hermanos varones: Antonio, Santos, Pablo y José Antonio y dos mujeres: Rosario
y Teresa. Eran hijos de Martín Pincheira, agricultor descendiente de hidalgos españoles, capataz del fundo San Carlos del terrateniente realista Manuel Vallejos,
cuyos límites por la Cordillera de los Andes tocaban con los bosques de Epulafquen. La toponimia del
Departamento Minas, une en el recuerdo a patrón y empleados, en el paso Vallejos también conocido como Pincheira.
Desde 1800, los hermanos están incorporados al ejército español, prestando servicios en distintas guarniciones de Chile caracterizándose como
firmes partidarios del Rey de España ante los distintos movimientos independentistas que empiezan a surgir en América. Antonio, el mayor, adquiere
cierta notoriedad y protagonismo en la batalla de Chacabuco y luego de la derrota de Maipú, en la que actuó como cabo, se refugia en la hacienda de
Vallejos dando forma a los “defensores del Rey”. Establece su principal campamento en los profundos bosques del Roble Guacho, a cuatro leguas del
paso a Epulafquen, Alico o Las Lagunas. Desde allí, junto a 300 seguidores chilenos
e indios, se entrenan en planificadas acciones militares, manejo de armas y rápidas acciones de guerrilla montonera planeando el ataque a Chillán.
El ataque se realiza el 18 de setiembre de 1819, pero no logran apoderarse de la ciudad siendo derrotados y perseguidos por las fuerzas del jefe
criollo Victoriano, quien extermina a todos los prisioneros sin piedad ni contemplaciones. Antonio Pincheira se une a Vicente Benavidez, otro antiguo
jefe militar español con su propia banda guerrillera en defensa del Rey, y atacan nuevamente a Chillán. Esta vez Victoriano es derrotado quedando la
ciudad a merced de la rapiña, vejaciones y asesinatos, “...cebándose especialmente en el ultraje a las mujeres, después de lo cual, cargadas sus mulas
de mercaderías, riquezas y tesoros saqueados en iglesias y fundos, se retiran a los límites con Neuquén,
viniendo de atrás sus propias partidas terminando el trabajo de robar haciendas, violar mujeres y degollar niños y ancianos”. Envalentonados por esta
exitosa acción, la continúan en otros pueblos y ciudades chilenas y luego incursionan en las pampas y ciudades argentinas, en busca de haciendas.
Al asesinado Gobernador Victoriano, le sucede en Chillán el coronel Arriagada, “uno de los más inflexibles ejecutores de fusilamientos en masa, sin ninguna
clase de proceso... si exceptuar al clero, porque muchos sacerdotes se habían alistado en el ejército realista y formaban al lado del bandido Benavidez –tán devoto
de la Virgen de las Mercedes- formando una corte que santificaba sus crímenes; confesaban a los rendidos antes de degollarlos y daban la eucaristía a sus propios
soldados; se ponían al frente de las tropas y las arengaban con crucifijos y otras imágenes para pedirles que en nombre de la santa devoción de cada uno, mataran
sin piedad a cuantos cayeran en sus manos”. En 1820, Arriagada, con una fuerza regular de 200 soldados, emprende la primera persecución de la banda de Antonio
Pincheira, entrando en campos neuquinos por el paso Epulafquen. Pincheira es alertado y huye a sus
refugios de Butalón. Arriagada reduce a cenizas las tolderías y ranchos de Epulafquen y regresa a
Chillán con algunos animales y cinco prisioneros a quienes hace ejecutar en la plaza pública. Se salva de la ejecución un tal Manuel Turra, fiel seguidor de los
Pincheira, quien revela la ubicación de los principales refugios de la banda, sus fuerzas y secretos tácticos, como el código de golpes de hacha en los troncos
del bosque para comunicarse de los peligros. Les revela también, que Antonio Pincheira dormía todas las noches en lugares distintos y que lo mísmo hacía con el
ya legendario tesoro de la banda, cambiándolo de escondite todos los días. Para tener una idea de la cantidad de gente involucrada en estos hechos y la
ferocidad de los enfrentamientos, conviene rescatar el informe del Gobernador Freyre a O’Higgins en 1821: “...bandidos van quedando poco, porque ya se han
fusilado más de 300”.
En abril de 1823, Antonio Pincheira cae sobre Linares y arrasa con el pueblo matando al Gobernador Sotomayor y llevándose como botín a las más bellas
jóvenes del pueblo, entre ellas Clara, la hija del asesinado Gobernador. Victoriosos y confiados, emprenden la retirada hacia sus campos del
Neuquén, pero la banda es sorprendida por el capitán Astete al frente de 350 hombres, quienes de un
certero disparo de carabina en medio de la persecución, matan a Antonio. Se pone al frente de la banda Santos Pincheira y sin presentar batalla huye con
su botín de pillajes y mujeres logrando llegar a su refugio de Matancilla, en Varvarco. A los pocos meses, al regreso de excursiones contra ciudades
chilenas, Santos muere ahogado en el cruce del río Los Sauces. Con estas excursiones, en nombre del Rey de España y repartiendo parte de lo robado entre
los pobres campesinos, Santos se había creado una imagen de “Robin Hood” chileno. Su desgraciada muerte acrecentó su fama de bondad entre la gente humilde
y duante muchos años se podía observar, hasta épocas recientes, a orillas de los caminos rurales, pequeñas capillitas en su honor, como un verdadero santo popular.
Lejos de esta supuesta bondad, a Santos le sucede su hermano Pablo “el perturbador más tenaz de nuestras pampas argentinas en las que se conoció con el nombre
de cacique Pablo”. Fue el verdadero formador y estratega de la banda, haciendo alianzas con los indios chilenos y los de las pampas argentinas e interviniendo
activamente en la política de Mendoza y Cuyo. Junto a Pablo, comparte acciones su hermano José Antonio, muy poco
convencido de que estuvieran actuando en la defensa del rey de España, pero debe seguir la suerte de la familia que marca Pablo. Juntos, en 1823 repelen una
expedición en su contra de 1000 hombres comandados por el coronel Clemente Lantaño al frente de una columna que entra por
Epulafquen y otra, al mando del sargento Carrero por Pichachén. José Antonio, que se
hallaba en los campos de Epulafquen, advertido se refugia en los rancheríos de Butalón, mientras
que Carrero en inferioridad de fuerzas ante Pablo, alojado en los campos de Malal Caballo (El Llano) y Raja Palos, no se decide a atacar. La expedición regresa
sin dar batallas.
Mientras tanto, el gobierno chileno había iniciado acciones diplomáticas entre las diversas bandas, autotituladas “defensoras del Rey de España”, entre
ellas la de Pincheira, ofreciéndoles indultos, a cambio de ser nombrados en las fuerzas regulares criollas como soldados o jefes o retirarse a la vida civil. Los
principales jefes de estas bandas no aceptaron los ofrecimientos y las acciones militares siguieron acentuándose. En 1825, se encarga al capitán Barnechea de
negociar el fin de las acciones de las fuerzas de Pablo ofreciendo el indulto y tentando con un tratado de paz a los caciques Pichiñán de Chile, Caripil del
Nahueve, Lancamilla de Malargüe y Manquel del Reñi Leuvú, aliados de los Pincheira. Con el fin de discutir esta propuesta del gobierno chileno, los caciques se
reunen en Cayanta y, mediante el juego sagrado de la chueca, deciden sobre aceptar la propuesta o continuar la guerra. A pesar de que en el juego gana la propuesta
de hacer la paz con los chilenos, sólo Manquel y Lancamilla la cumplen, mientras que Caripil se mantiene neutral y Neculmán sigue con los Pincheira. La banda ya
tiene preparado un asalto a la localidad de Parral que se realiza con toda la barbarie a la que se habían acostumbrado. Fracasadas las acciones diplomáticas, todas
las “bandas realistas”, especialmente los Pincheira, son declarados fuera de la Ley y comienza “la guerra a muerte”, convirtiéndose en una feroz “cacería a degüello”,
sin reglas ni concesiones, desde ambos bandos.
La Guerra a Muerte
Burlados los intentos de paz con los autoproclamados “defensores del Rey de España”, en febrero de 1826 el capitán Barnechea inicia una acción contra el comandante
realista Senosian refugiado también en el norte del Neuquén, pero la acción se aborta por desinteligencias
con la segunda columna mandada por el capitán Torres. Sin embargo, en noviembre de ese mismo año se inicia la segunda expedición. Las fuerzas de Barnechea
entran por Epulafquen y el 27 de noviembre tienen un encuentro con una vanguardia de las tropas
de Pablo Pincheira en las costas del Neuquén y la pampa de Malal Caballo, dispersándolas. José Antonio, que estaba
acampado en Raja Palos, escapando por los faldeos de la Cordillera del Viento se esconde en sus refugios impenetrables de Butalón, a la espera de un refuerzo de 150
hombres entre chilenos y pehuenches. Barnechea sólo logra hacer prisionero al cacique Neculmán, siendo la expedición
un completo fracaso.
El gobierno de Joaquín Prieto en Santiago, ante rumores de nuevas invasiones que estaban preparando los Pincheira, y ante el ambiente de incertidumbre y miedo
de las poblaciones del sur chileno, donde estaban concentradas las mayores fuerzas que todavía creían en el regreso del poder español, decidió dar un
escarmiento y ordenó preparar una nueva y poderosa expedición al Neuquén. El 27 de octubre de 1826 se
forma una fuerza militar especial y se nombra a su frente al brigadier José Manuel Borgoño quien organiza la expedición en tres columnas avanzando por
tres frentes distintos: La primera desde Talca, entrando por el Barrancas, al mando del coronel Jorge Beauchef con 540 hombres. La segunda desde Chillán
entrando por Epulafquen, al mando del coronel Manuel Bulnes con 291 hombres y la tercera
desde Los Angeles, entrando por Pichachén, al mando del coronel Antonio Carrero con 322 hombres. Borgoño, desde Chillán se desplaza hacia Antuco dirigiendo
las operaciones y refuerzo, con 1157 hombres de reserva.
Beauchef inicia las operaciones el 30 de diciembre de 1826 entrando al Neuquén por la cruzada del Barrancas y
avanzando por las nacientes del Varvarco. En su lento avance por las costas del río va incorporando a sus fuerzas a los jóvenes
pehuenches y dispersando y persiguiendo a los adictos de Pincheira. Cae de sorpresa en el actual
valle de Los Bolillos, conocido como “valle de las Palmas”, donde se encontraban los caseríos y “fundo” de los Pincheira. Allí vivían las hermanas Rosario y
Teresa Pincheira guardando a cerca de 300 cautivas de la banda, entre ellas, Clara, la hija del Gobernador Sotomayor muerto en Linares por la banda en 1823. Un indio
logra escapar en la refriega y da oportuno aviso a Pablo y José Pincheira que estaban en Epulafquen
logrando refugiarse en Butalón. Al poco tiempo llega Bulnes a Epulafquen pero al no encontrar resistencia
sigue hasta encontrarse con Beauchef en las juntas del Neuquén y Varvarco. Ambas fuerzas prosiguen juntas por las
costas del Nahueve en busca de la banda. Al no encontrar resistencia alguna en la zona de Malal Caballo (El Llano) y Raja Palos, las fuerzas suben por
la costa del río Neuquén y el 24 de enero de 1827 caen de sorpresa en los caseríos del refugio de Butalón
haciendo mucha cantidad de prisioneros, se incautaron de gran cantidad de animales y prendieron fuego a todas las viviendas existentes. Pablo y José Antonio, ya
habían escapado hacia el valle del Curi Leuvú, cruzando la Cordillera del Viento y desde allí
se habían ido a sus refugios del Atuel. Beauchef, le manda un correo ofreciéndole a José Antonio y a la banda el indulto en nombre del gobierno chileno si abandonaba
la lucha. José Antonio, en un sucio papel le contestó: “Febrero 10 de 1827: Señor Coronel Buchefe. De lo que prebiene del indulto no podemos porque no somos solos que
peliamos pues ustedes saben que el portugues aliado se halla peliando en Buenos ayres i si ustedes gustan invernar invernen que no les hace ningun perjuicio. Bien
bedo yo del que no tengo fuerzas para contra Restar con ustedes i aci si V. Me busca si me esta a cuenta atacare i de no me andare por los campos.
José Antonio Pincheira.”. Al no encontrar a quién combatir, Beauchef y Bulnes se dirigen hacia el Valle de las Damas y de allí, encontrándose en Pichachén con el
coronel Carrero, que no había intervenido con sus fuerzas, se reunen en Antuco con las reservas de Borgoño a fines de marzo. Como táctica de guerra, llevan a cabo
una “limpieza total” de la región, única y desconocida en la historia de las guerras de la Independencia: Las casi 300 personas liberadas en Matancilla, principalmente
mujeres jóvenes, son llevadas a Chillán y cerca de 3.000 personas, entre indios pacíficos, chilenos indultados y prisioneros, son obligados a irse a Chile, en un
forzado e inédito éxodo con el fin de repoblar la destruída población de Antuco. Bulnes se lleva también: “900 caballos, 500 vacas y 6000 cabezas de ganado lanar”
Aunque la bien planificada expedición no terminó con los Pincheira, les produjo un gran descalabro en su organización ya que los pehuenches comenzaron a retacearles
su apoyo y era muy dificil reclutar posibles fuerzas “realistas” en los campos chilenos. Pero mostró al gobierno chileno, que les podía dar la batalla final con
éxito. Por un tiempo muy prolongado, los Pincheira desaparecen del norte del Neuquén refugiados en los
campos del Atuel. Desde allí realizan excursiones contra los pueblos de San Luis, Córdoba y Santa Fé llegando a los campos de
Sierra de la Ventana y
Bahía Blanca. Hasta tienen la osadía de atacar el fuerte de Carmen de Patagones, en 1827
arreando la bandera argentina y haciendo ondear la española, la del Rey por quien decían combatir. En setiembre de 1829, Pablo Pincheira lleva
a cabo el asalto de Colchagua en el norte chileno, Talca Rehue y San Fernando, regresando con sus habituales botines de cautivas y ganado. Al poco
tiempo hace los mismo por los campos del sur de San Luis, viéndose las autoridades argentinas obligadas a solicitar la protección y auxilio del
general Quiroga. En 1830, José Antonio interviene en las luchas políticas mendocinas tomando partido por el gobernador Reje Corvalán
luego del asesinato de Quiroga y ante las amenazas de ataque de los cordobeses. Estuvieron a sólo 8 leguas de atacar y
saquear Mendoza.
Mientras tanto, el gobierno argentino de Don Juan Manuel de Rosas, en 1829
envía a su emisario, baqueano y lenguaraz Eugenio del Busto para calmar los ánimos belicosos de los indios pampeanos y negociar la paz con los
boroanos, cosa que logra, a pesar de que los indios “dejan bien aclarado que ellos eran pincheirinos”. Pero la principal preocupación de Rosas era
terminar con la “industria del malón” que saqueaba las haciendas de las nacientes estancias bonaerenses, llevándolas a los fundos de Chile, previo
engorde en los campos del norte del Neuquén, en la que los Pincheira eran los principales
beneficiarios. Gracias a los buenos oficios de Bustos, los principales caciques de las pampas quitan el apoyo a los Pincheira, obligándolos a
refugiarse nuevamente en el norte del Neuquén, manteniéndose alejados de todo durante mucho tiempo.
En una muestra de debilidad y aislamiento hacen llegar a los gobiernos de Chile y Mendoza sus condiciones
para rendirse: 1)Reconocimiento del título de coronel al mando de tropas independientes de las del gobierno. 2)Asignación suficiente para sus gastos.
3)Se obligan a auxiliar con sus tropasa Chile o Mendoza ante cualquier guerra exterior, menos
contra España “de la que se consideraba su más fiel servidor”. Por supuesto que nadie aceptó esas condiciones y calladamente desde Chile se
preparaba la batalla final, con el no disimulado apoyo del Gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas.
Marcha del ejército de Bulnes contra los Pincheira
El Final de La Banda
La buena estrella de Pablo y José Antonio iba declinando. Los reveses sufridos en la invasión a Carmen de Patagones en 1829, la mala elección de socios políticos en Mendoza, el cansancio de una vida eludiendo tropas chilenas y argentinas y la quita del apoyo de las tribus indígenas, habían llevado a la banda a buscar la terminación de hostilidades y el indulto de cualquier manera. A esto se debía sumar la muerte de los más notorios caudillos guerrilleros y el abandono de las acciones montoneras de los principales lugartenientes que preferían el indulto a seguir correteando pampas y cerros. A Francisco Rojas y Pablo Zapata, al entregarse, el gobierno chileno les había confiado la formación de una partida de carabineros, compuesta de expincheirinos y tenían los cargos de capitán y alferez respectivamente. Por otro lado, la “defensa del Rey de España” a 8 años de la batalla de Ayacucho, ya no convencía ni a los realistas ni a los indios. Habían entrado en
la categoría de delincuentes y poco se podía esperar de las autoridades de ambas naciones que querían terminar rápidamente con esta provocación viva.
El gobierno de Chile, confió la misión de terminar con los Pincheira al general Manuel Bulnes, por su ascendiente personal en el ejército, el gran conocimiento
que tenía del norte del Neuquén y su experiencia en la expedición de 1827. Estaba convencido de que la única forma
de enfrentarlos era con una acción rápida, sorpresiva y sin contemplaciones, esto es: “a muerte”. Bulnes mantenía muy buenos contactos con informantes de la banda y
por ellos supo que los dos hermanos estaban muy confiados en sus campos de veranada del Roble Guacho y
Epulafquen. Era el momento y el lugar adecuado para la batalla final.
Sigiloso, y a marcha forzada, sale de Chillán con el famoso batallón “Carampangue” en pleno, y el 13 de enero cae de sorpresa en el campamento del Roble
Guacho donde sorprende a Pablo Pincheira y a sus lugartenientes Hermosilla, Fuentes y Loaiza. Sin contemplaciones ni dudas manda fusilarlos inmediatamente y
prosigue la marcha por el bosque rumbo al boquete de Alico. A las 2 de la mañana del 14 de enero de 1832, irrumpe, a sangre y fuego, en el campamento de
Epulafquen. Dos guardias alcanzan a detectar el avance del batallón en la oscuridad y a todo
galope y golpeando los troncos de los arboles según las contraseñas convenidas, llegan justo a tiempo para prevenir a José Antonio quien sólo tiene tiempo
de ponerse algo de ropa y ensillar sus caballos, escapando por abruptos desfiladeros y barrancos, con sólo 50 hombres de su guardia. Mientras tanto, en medio
de la oscuridad y la sorpresa, la batalla se generaliza con
tanta fuerza que la mayoría no alcanza a despertarse. Los veteranos del “Carampangue”, fogueados en las batallas contra el ejército español al que
habían vencido en Ayacucho, matan a diestra y siniestra con enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Los indios se defienden a pié o en sus caballos a pura
lanza y bolas, pero ya estaba sellada la suerte y con la luz del día, las fuerzas chilenas completan su obra persiguiendo y matando sin piedad. Algunos
sobrevivientes escapan hacia los faldeos del cerro Coyamuelo donde intentan parapetarse lanzando desde arriba piedras y rocas contra las fuerzas de Bulnes,
pero al final son dominados y muertos. Sólo a algunos chilenos se les perdona la vida y son tomados prisioneros mientras que los caciques Neculmán, Coleto
y Trenqueman junto a sus seguidores son asesinados sin piedad y quedan desangrándose en los mallines de
Epulafquen, sin saber que su jefe José Antonio ha escapado y los ha dejados solos.
Con la salida plena del sol, el espectáculo es sangriento y aterrador; entre los lamentos de los heridos y moribundos y los gritos y balazos de quienes todavía
luchan en los faldeos de los cerros. El extenso mallín que bordea la laguna inferior a la salida del bosque y hasta los cerros de Coya Muelo, está cubierto de
heridos y moribundos a quienes ni siquiera se les presta la caridad de “despenarlos” y aliviarles su muerte. Bulnes, al saber que José Antonio se escapó, manda
rápidamente en su persecución una partida de 80 hombres al mando del capitán Zañartu con la orden de matar a cuanto indio o cristiano sospechoso encuentre en su
camino. La partida, cruza la Cordillera del Viento hasta el valle del Curi Leuvú y el Colorado
y allí se entera de que José Antonio ya está seguro en sus refugios del Atuel y decide regresar, maltrecho y sin víveres. Zañartu comunica su fracaso a
Bulnes, que está acampado en el bosque en el antiguo refugio de José Antonio. Inmediatamente Bulnes ordena a José Antonio Zúñiga, un ex pincheirino y
ahora capitán de las fuerzas chilenas, organizar una bien pertrechada expedición de 100 hombres rumbo al Atuel con la misión de lograr la rendición de
José Antonio y llevarlo a Chillán. Mientras un agrimensor del ejército, sentado en lo alto de la gran roca glacial solitaria de la
pampa de Las Lagunas de Epulafquen, toma
apuntes a lápiz testimoniando la crudeza de la batalla, Bulnes, emprende el regreso triunfal de sus fuerzas a Chillán arreando como trofeo, los 20.000 vacunos
de la hacienda de los Pincheira, sin haber podido encontrar el famoso y legendario tesoro de la banda.
En Atuel, Zúñiga encuentra a José Antonio y como ex compañero de correrías buenamente le pide la rendición y que se entregue. José Antonio le responde que el propio Presidente de Chile, Dn. Joaquín Prieto le ha concedido el indulto y que sólo se rendirá en Chillán ante una persona de su confianza como es el teniente Lavanderos y que este indulto incluye a todos sus seguidores. Escoltado por las fuerzas de Zúñiga y pasando por sus definitivamente perdidos
campos de Epulafquen, donde sólo quedan los cadáveres insepultos de sus seguidores, José Antonio
llega hasta Chillán donde se entrega a su amigo Lavanderos y calladamente, junto a sus hermanas Teresa y Rosario, desaparece de la historia chilena a la que había
marcado por casi 20 años, con sus fechorías en nombre del Rey de España.
El Gobernador de Buenos Aires Don Juan Manuel de Rosas escribía en julio de 1832 al Gobernador Manuel
Corvalán de Mendoza: “...la destrucción de los Pincheyra y la gloriosa jornada que los ejércitos del sud del
Estado Chileno obtuvo, concluyendo con esos temibles enemigos de las fronteras de la República de Chile y de la Argentina, son para todos un bien. Con este motivo
debe usted saber que los triunfos de los federales, los esfuerzos de los argentinos y las obras del gobierno de
Buenos Aires, no pueden haber dejado de influir al buen éxito de la expedición chilena.
A mis combinaciones se ha debido el que el poder de los Pincheyra se fuese debilitando hasta quedar muy reducido...”. Más allá de la justa calificación de
delincuentes y bandoleros, autores de crímenes horrendos en las
indefensas poblaciones chilenas, los hermanos Pincheira quedarán por siempre identificados como los “últimos defensores del Rey de España”. Como dice el
historiador Claudio Gay: “Cuando la bandera española no flameaba en ningún punto del continente americano, España era todavía defendida en la agreste
cordillera por hombres oscuros que llegaron como soldados, oficiales o particulares... (sosteniendo) la bandera española con la mayor decisión, despreciando
la fatiga y la muerte con la misma indiferencias y con igual audacia”. Y el historiador Vicuña Mackenna completa : “... Al general Manuel Bulnes le cupo en
1832 señalar en la cumbre de los Andes, libres hasta del último enemigo, la era definitiva en que terminó nuestra guerra continental, iniciada hacía ya veinte años”.
Fuente: Isidro Berbel – Huinganco - Neuquén
Los Pincheiras - Adolfo Marquez Esparza - Universidad de Concepción
Como Llegar
Por auto desde Buenos Aires: Desde Buenos Aires hasta Andacollo son 1.397 kilómetros
por Acceso Oeste hasta Luján y luego rutas 7 hasta San Luis, 146 hasta San Rafael, 40 hasta Chos Malal y 43.
Por Avión: Tanto Aerolineas Argentinas como LAN tiene dos vuelos diarios hasta Neuquén capital, ubicada a 460 kilómetros de
Andacollo.
Durante el 2009 American Jet vuela desde la Ciudad de Neuquén a Chos Malal. En los siguientes horarios:
Lunes salida 16:00 arrivo a Chos Malal 16:45 / Regreso a Neuquén 17:05 arrivo 17:50. Jueves salida 10:30 llega a Chos Malal 11:15 / Regreso a Neuquén
a las 11:35 arrivando a las 12:20. Para consultas y reservas se puede llamar al 0810-345-9876.
Por auto desde Neuquén: Saliendo de la ciudad de Neuquén por Ruta Nacional Nº 22 hasta Zapala. Desde
allí hasta Chos Malal por Ruta Nacional Nº 40 y luego Ruta Provincial Nº 43, a 55 km. Esta última
recientemente asfaltada.
Desde Chile: Saliendo desde Los Angeles hasta el Paso Internacional Pichachén, tomando la Ruta Provincial Nº 7 y luego la Nº 57, pasando por Los Guañacos y Los Miches.
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Mapa Norte Neuquino |
Mapa Norte Neuquino |
Ubicación Norte Neuquino en la Provincia de Neuquén |
La Belleza del Norte Neuquino
La belleza de las Lagunas de Epulafquen en cercanias de Andacollo
Mirador La Puntilla, junto al río Neuquén.
Glaciar en el Cerro Domuyo
Camino a Lagunas de Epulafquen
Puente sobre el Río Neuquén en Andacollo
Camino a Manzano Amargo. Vista de Piedra La Pata y Domuyo.
Río Nahueve.
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